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Crisis de confianza en el 95… ¡Perdón 2017!

Para efectos prácticos y realistas, ya estamos hasta el cuello de la crisis en nuestro país. Puntos de vista no faltan: “es de origen político”, “se manejaron mal las finanzas”, “se dependía demasiado de Inversiones muy volátiles”, “Chiapas tiene la culpa”… Sin embargo, lejos de pretender invalidar las diferentes opiniones, el verdadero origen de esta crisis se ubica en la falta de confianza.

Cuando en estos tiempos hablamos de desconfianza, casi automáticamente pensamos en la indecisión que vive México, al no conocer con claridad un verdadero plan económico por parte del gobierno federal y al no ver ni por asomo una débil luz al final del túnel (hay quienes dicen que ya se veía, pero resultó ser una locomotora que pasó iba en dirección contraria).

Vivimos una incertidumbre de enormes proporciones que generan gran desconfianza y paraliza todos nuestros planes de inversión, crecimiento, capacitación y modernización. Y así nos encontramos con un trimestre del 95 a cuestas y un oscuro panorama en lo que resta del año (¿o del sexenio?). Pero no es mi intención analizar este punto de vista de la desconfianza, sino más bien explorar oportunidades que cada uno de nosotros podemos aprovechar para evitar convertirnos en un pueblo paralizado por los eventos macroeconómicos y los rumores.

¿Qué podemos hacer en esta crisis de confianza?  Tal vez sea poco, pero poco es mejor que nada. Veamos algunas ideas:

1. ¿Ha pensado en su familia?, ¿existe un clima de confianza en su núcleo familiar? En realidad es fácil lanzar la primera piedra cuando se trata de señalar culpables del entorno macro pero, ¿qué pasa en su micro entorno?, ¿qué pasa en su familia? Así como a nosotros nos agradaría escuchar palabras de quienes tienen las riendas de este país, a su esposa(o) e hijos les gustaría conocer su punto de vista sobre la crisis y sus planes para afrontarla, incluyendo lo que ellos pueden aportar.

Es increíble la manera en que ignoramos a nuestros seres queridos y llegamos a pensar que tenemos el monopolio del estrés y del insomnio. ¿Se imagina cómo se siente su familia?  Sus hijos – casi sin importar la edad- perciben que algo anda mal, o quizá tenga hijos adolescentes que siempre han escuchado que estamos en crisis y deciden dejar de luchar para evadir una realidad tan deprimente.

Qué decir de su cónyuge, quien se da cuenta de que las cosas no andan bien, pero debe adivinar la magnitud del impacto de la crisis en su familia, tal vez porque ha disminuido la comunicación o porque, en un falso sentido de protección, usted no quiere privarlos del nivel de vida que tanto trabajo le ha costado forjar. Medite un poco y se dará cuenta de que una buena parte de la presión económica experimenta actualmente se deriva de no querer afrontar una realidad y empezar a apretar el cinturón en la economía familiar, ya sea por el “qué dirán” o por no mostrarse débil o fracasado.

Una crisis con todas sus agravantes es también una oportunidad de aprendizaje en familia, de unirse en sencillos planes de ahorro de energía, reducción de gastos, contribución a los ingresos e incluso de buscar en equipo alternativas para salir adelante. Es una oportunidad de aumentar la comunicación familiar para así generar un clima de confianza que nos permita trabajar en acciones concretas y no desgastarnos en angustias y adivinanzas sobre lo que está pasando o lo que podría pasar.

2. ¿Ha pensado en sus vecinos o amigos? No creo que sea necesario repetir lo que antes expuse para la familia, con nuestras amistades o vecinos sucede lo mismo: tratamos de guardar las apariencias, no hablamos claro y pretendemos que todo marcha sobre ruedas, cuando podríamos armar grupos de compradores en mayoreo de artículos básicos y obtener así considerables ahorros. Esto sucedió en Monterrey durante la crisis del 82 y no dudo que vuelva a surgir en este 1995. Al formar grupos de compradores es posible aumentar el poder de negociación con los comerciantes, y ésa es sólo una de muchas opciones que seguramente emergerán cuando juntos empiecen a buscar alternativas para afrontar la crisis.

3.¿Ha pensado en su empresa? Ahí también existen mexicanos esperando que el líder tome la palabra y diga lo que piensa de la crisis y de sus planes para salir adelante, se ha preguntado qué prefieren sus trabajadores: ¿despidos para reducir la nómina en 30 ò 40 por ciento, o disminución temporal de los sueldo de todos? No se necesita ser adivino, es casi seguro que una vez al tanto de la situación real de la empresa, de las acciones para mejorarla y de la manera en que ellos participarán con un ingreso menor que verse sin trabajo.

La idea de reducir gastos eliminando el activo más valioso (al menos eso se dice en la mayoría de las empresas) es solamente uno de los caminos posibles para sobrevivir. No quiero dejar de reconocer que hay casos en los cuales prácticamente es imposible evitar los despidos, pero si quiero insistir en que es más fácil liquidar gente que buscar otros mercados, generar nuevos productos, exportar, hacer una alianza, formar grupos de empresas o reducir costos eliminando ineficiencias y desperdicios internos que normalmente existen a granel porque en el México del 94 “los clientes pagaban”.

Sin descartar la idea de cerrar una empresa porque ha perdido la oportunidad de ser rentable, pero identificando nuevas alternativas para crear otras fuentes de empleo, le puedo asegurar que parte de su mismo equipo de gente le va a ser de utilidad. No olvide que las empresas son como hijos, pero no son nuestros hijos. Si una compañía ha agotado todas las posibilidades de sobrevivir, lo mejor para usted y para México es cerrarla, ya que de otra forma puede acabarse su patrimonio con préstamos interminables y ni así sacarla a flote. En estos casos también hay que hablar con la gente, ayudarla a colocarse en otras empresas, invitar a algunos al posible nuevo negocio o simplemente contribuir a que se preparen de la mejor manera para soportar la difícil situación del desempleo. El ser despedido tiene un impacto psicológico temiendo y a la larga implica un costo social impresionante.

Ciertamente, se respira desconfianza en nuestro querido México, pero mucho podemos hacer cada uno de nosotros para aclarar el panorama a nuestro prójimo. Esto tal vez sea sólo una forma de inyectarnos unos miligramos de confianza, pero si todos nos animamos a hacerlo, acciones como éstas pueden representar la diferencia entre salir adelante una vez más o continuar como estamos.

No se desanime; empiece a comunicar sus ideas y preocupaciones y estoy seguro de que, manteniendo un espíritu de equipo, pronto se sorprenderá al ver sus preocupaciones convertidas en ocupaciones concretas para sortear esta crisis

Imágenes del artículo original publicado en el número de Mayo-Junio de 1995 en las revista INTEGRATEC del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey

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